El hombre del viento, vestido de marino, se encontraba en un hermoso parque, donde un cuidador lo encontró y lo clavó en lo más alto de su cabaña. Desde ahí contemplaba día a día, el nacimiento de los botones de rosas, y conocía el nombre de cada uno de los pájaros del parque, ellos acostumbraban adornarlo con collares de flores de ciruelos y duraznos. Sabía de los enamorados del parque y más de alguna vez, observó el final de una relación amorosa, lo cual le dolía.
Vivía las 4 estaciones del año, disfrutando a concho cada una de ellas: al
señor otoño con sus pérdidas de hojas, al duro invierno con sus lluvias y heladas, a la bella
primavera; ¡a! esa si le gustaba, todo florecido y verde, lo mejor, la llegada
de los niños a jugar, sus risas se escuchaban desde lejos, corriendo y subiendo
entre los árboles, su inocencia le recordaba su cercanía con Dios.
El verano, era una delicia sentir el calorcito, pero más le gustaba que las familias estaban juntas compartiendo un picnic donde se sentía el calor del amor a la familia.
Precisamente ese verano conoció una paloma, que estaba loca de amor por un hermoso girasol. El hombre del viento y la paloma se hicieron muy amigos, se contaban todo, ella le traía noticias de lo que pasaba en el puerto , que se encontraba muy cerca, le hablaba de los marinos y de los barcos y de los enamorados en las playas, y él le comentaba como había estado el día en el parque. Ambos se querían mucho y encontraban descanso el uno en el otro.
En un mal día de primavera, un hilo de volantín en un árbol, durante su vuelo, la dejó herida de muerte, cayendo pesadamente a los pies del hombre del viento, desesperado él gritó:
El verano, era una delicia sentir el calorcito, pero más le gustaba que las familias estaban juntas compartiendo un picnic donde se sentía el calor del amor a la familia.
Precisamente ese verano conoció una paloma, que estaba loca de amor por un hermoso girasol. El hombre del viento y la paloma se hicieron muy amigos, se contaban todo, ella le traía noticias de lo que pasaba en el puerto , que se encontraba muy cerca, le hablaba de los marinos y de los barcos y de los enamorados en las playas, y él le comentaba como había estado el día en el parque. Ambos se querían mucho y encontraban descanso el uno en el otro.
En un mal día de primavera, un hilo de volantín en un árbol, durante su vuelo, la dejó herida de muerte, cayendo pesadamente a los pies del hombre del viento, desesperado él gritó:
-
Palomita, debes pararte y caminar ¡Tu girasol te
espera!, ¡yo te necesito!, ¿Quién me traerá noticias y
Ella le respondió, ya con un
cansancio de muerte:
-
Ya nunca más volaré, amigo mío, no veré más a mi
amado girasol, yo sé que llegó mi hora, “yo voy, junto a Dios”
- - Pero, ¿Qué será de mi vida sin ti? – él le dijo.
- - Mi vida quedará en las flores y los niños, ¡no
temas, no estarás solo! --- Yo estaré siempre contigo, mi querido amigo – la paloma
contestó.
- - ¿Quieres que te hable del girasol? – Él responde
muy triste, pero más calmado.
- - ¡Si, si por favor!, tú serás mis alas, dime ¿Qué
hace mi amor ahora?
- - Él baila con el viento y su polen está regado por
todo el pasto, con su polvo de oro y sonríe al sol, porque sabe que pronto las
traviesas abejas, vendrá a comer su polen y a él le encanta agacharse para
asustarlas, y así vuelen a su alrededor –Tranquilo él le responde.
La
paloma dio su último suspiro, sonrió, se estremeció su cuerpo y se
quedó dormida para siempre, y ahora vuela hasta Dios que la estaba esperando. El
hombre del viento, la contemplaba tranquilo, sabía que con su amada amiga,
algún día se volverían a encontrar en el
cielo junto al Padre, para seguir compartiendo sus historias y aventuras.Escrito por:
“Esta pequeña historia de 2 amigos muy diferentes, nos enseña que debemos ser felices con pequeños detalles, que la vida nos entrega, debemos amarnos todos, aunque seamos completamente distintos. El hombre del viento y la paloma no tenían nada en común, más que su amor al prójimo y esto de ser distintos no pudo impedir que fueran amigos.” Podemos ser felices si aprendemos a amar a todos y a compartir nuestras penas y alegrías.
Gladys Tapia "dedicado a Yaritza, mi trencita"
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| De la película "Si tuviera alas" |




